sábado, 17 de diciembre de 2016

Emersión

Capítulo 1
DISTRITO DE MARINA, SAN FRANCISCO
15 DE JUNIO


S
ubí el volumen de la radio; Keila estaba viendo la televisión en el comedor y los gritos de júbilo del programa de citas me inquietaban. Yo hubiese querido poner Crónicas Vampíricas; sin embargo, en esos momentos mis «dominios» consistían en guantes de látex verdes, estropajo, jabón, fregadero y un montón de platos y cubiertos sucios acumulados durante dos días enteros.

Según la tablilla de tareas imantada a la nevera, ese sábado le tocaba a Keila hacer la cena y limpiar la cocina, no obstante, juró que me cambiaría el turno al día siguiente si esa noche ella quedaba libre. Mi padre, inocente de él, aceptó la propuesta, pero yo me negué en redondo. Vivir con Keila me había enseñado a no fiarme de ella, y menos de sus falsas promesas, pero acabé cediendo debido a la amenaza implícita de mi padre: ¿no me dijiste que hoy saldrías de fiesta? Pues esto tiene que estar limpio antes de que te marches, Arlet.

Me fastidiaba que yo tuviera que hacer el trabajo de Keila mientras que ella disfrutaba en el salón de un precioso tiempo libre burlándose de mí. Por si fuera poco, cuando yo estaba aún cenando me lanzó el trapo de limpiar al pecho. Me miró por encima del hombro con una sonrisa triunfante antes de decir: me encantaría ayudarte, pero las obras de caridad las hago de lunes a viernes. Mala suerte, hermanita. Qué ganas tuve de estrellarle un plato en la cabeza. Su actitud arrogante me ponía enferma.

Mientras, mi padre nos observaba con el ceño fruncido, atento por si Keila y yo comenzábamos una discusión. Y con razón. Ella y yo no nos soportábamos; de hecho, ni siquiera siendo más pequeñas nos habíamos llevado bien. Teníamos personalidades, ideas y gustos tan distintos que nos peleábamos constantemente estuviéramos dónde estuviéramos y fuera por lo que fuera. Lo que más impresionaba a ojos ajenos no era que esto les ocurriese a dos hermanas, puesto que uno se acostumbra a esa clase de dramas, sino que las participantes en las batallas fueran gemelas, ya que se supone que existe un vínculo afectivo más grande y toda esa historia de la comunicación psíquica. En mi caso, tal afirmación era una mentira enorme: Keila jamás había sentido empatía hacia mí, ni yo por ella. Yo no lo veía tan grave; éramos inevitablemente incompatibles.

Aquella noche, Dylan trabajaba hasta tarde en los cines Wilde. Él era el único que parecía estar a mi favor; aunque más que hacerlo por si yo tuviera o no razón, era para cumplir con su deber como hermano mayor. No significa que me quisiese más a mí que a Keila, pero es cierto que más de una vez sugirió a mi gemela que cambiase su repelente manera de ser. En cambio, mi padre posicionaba su apoyo incondicional y ciego casi siempre a favor de Keila Lágrimas de Cocodrilo, quien lo utilizaba en mi contra. Mientras, yo deseaba que nosotras no fuéramos parientes.

¡Cómo echaba de menos que mi madre pusiera orden en casa! Me tenía que conformar con verla pasar con su bata blanca de un lado a otro de la casa igual que un espíritu vaporoso errante.

Mientras yo raspaba restos de carne quemada enganchados a la bandeja del horno, oía a Keila criticar a una concursante del programa por como vestía y por los pretendientes que escogía. En una ocasión gritó tan fuerte por encima de la radio que dejé de lado mi tarea y me asomé por la puerta para reñirle. La vi sentada sobre un puff rosa a menos de un metro de la televisión, totalmente atraída por la fuerza hipnótica del programa. Me sorprendió que estuviera sola, ya que mi madre solía sentarse en el sillón marrón de la esquina del salón y ver durante horas programas de cocina o de diseños de interiores.

—Keila, baja la voz, ¿quieres? Los vecinos se van a quejar y papá está durmiendo —aseguré, poniendo los brazos en jarra. Yo siempre actuaba como una madre.

—Dios, Tina, eres más estúpida que Arlet, y eso ya es decir… —continuó ella, ignorándome, y subió el volumen de la televisión.

Cansada de sus tonterías, fui hacia ella en menos de cinco zancadas. Le quité el mando y bajé yo misma el volumen.

—¿Estás sorda o qué? Lo menos que podrías hacer es no molestarme mientras yo hago tu trabajo —enfaticé.

Keila alzó la vista y me dedicó una sonrisa burlona con su perfecta dentadura recta y blanca.

—Qué mala es la envidia, ¿eh, Arlet? Pero supongo que es normal en las fracasadas como tú, hermanita.

Me quitó el mando de las manos y subió el volumen una vez más. Aunque estaba acostumbrada a que me tratase como a un ser inferior o invisible, enarqué las cejas, sorprendida.

Enfurecida, le arrebaté el mando y cambié al canal de música, justo en el momento en que la presentadora iba a anunciar la identidad de unos pretendientes enmascarados para la concursante. Aquello crispó a Keila: apretó la mandíbula y entrecerró sus ojos marrones. La ira refulgía en su mirada.

—Estaba en la mejor parte, gilipollas —farfulló.

—Si yo limpio por ti, tú dejas el canal que a mí me dé la gana. Además, el programa de antes fríe cerebros. Bueno, con el tuyo no puede hacer nada porque ya está muerto. —Sonreí con sorna y me crucé de brazos, mostrándole firmeza. Ella se levantó con elegancia y suavidad; desafiante como un puma.

Era como mirarme en un espejo: salvo por el peinado, éramos físicamente idénticas. Ella tenía mechas californianas rosas y yo era simplemente rubia tirando a castaña, pero las dos teníamos incluso un lunar en la base del cuello. Era espeluznante.

—¿Te crees graciosa o algo? —espetó, fría como un témpano de hielo—. Devuélveme el mando.

—Llevas días sin dar un palo al agua y hoy has conseguido que papá te librase de ayudar en casa. Encima estás haciendo demasiado ruido, joder. ¡No tienes respeto por nadie! ¡Lo llevas claro si crees que voy a dejar que te salgas con la tuya!

—Por Dios, Arlet, ¡no me hagas reír! —Puso los brazos en jarra, burlona—. ¿Cuándo vas a dejar de actuar como la salvadora de esta «familia»? —Entre risas hizo comillas en el aire.

—Cuando tú dejes de ser una engreída. ¿Acaso sabes dónde está mamá? —Señalé el sillón de mi madre para indicarle que ella no estaba y que eso no era nada bueno. Quizá habría ido al baño, pero quizá se había ido de casa, como hacía a menudo.

Keila soltó un bufido desdeñoso y un mechón de su flequillo se zarandeó como si estuviera vivo. Sonrió con malicia, preparándose para decir algo que sabía que me dolería:

—¿Por qué razón debería preocuparme por esa loca?

Me quedé callada, pero mi pecho dolía.

Hacía varios años que mi madre había caído en una depresión muy fuerte a raíz de las interminables peleas entre Keila y yo y de quedarse sin trabajo. Después, le diagnosticaron esquizofrenia: se angustiaba a menudo y muchas veces no entendíamos qué quería decir. Empezó el tratamiento con antipsicóticos y funcionó hasta cierto punto, porque las alucinaciones y los delirios eran persistentes.

Viendo que yo no respondía, Keila continuó:

—Oh, vamos, negarás que le falta un tornillo… —Alzó una ceja.

—Cierra la boca, Keila. Mamá está enferma.

—¡No, cállate tú la puta boca! —Me interrumpió, y me empujó con brutalidad—. Por mucho que te esfuerces, Rebecca no volverá a ser la misma. Acéptalo ya.

Me recompuse y apreté la mandíbula para no dejarme llevar por la rabia.

—Está recuperándose, nos lo aseguraron los médicos.

—Entonces, ¿por qué no hace su trabajo de cuidarnos y mantenernos unidos? Porque no puede. Y si ella no es capaz, yo no voy a ocupar su puesto, y menos si papá se larga durante semanas.

—No tienes derecho a quejarte porque no has mirado por nadie más a parte de ti.

—¿Sabes lo que en realidad te ocurre? —Keila me enfrentó con la mirada, quedándose a centímetros de mí—. Que no puedes soportar el hecho de que Rebecca está loca por nuestra culpa —espetó con frialdad, apuñalándome las entrañas. Me dejó descolocada—. Pero no lo es. La muy egocéntrica eligió encerrarse en sí misma antes que ayudarnos a nosotras, así que ella tiene más culpa.

Sin posibilidad de evitarlo, una fuerza me electrocutó el corazón, que empezó a bombear sangre a un ritmo frenético. Un súbito calor ya familiar me incendió las vísceras y supe que ya no podría controlarme. Impulsada por la rabia y la impotencia, descargué mi rabia contra la cara pálida de Keila dándole una sonora bofetada. Su mejilla enseguida se tornó rosa por la marca mis dedos, sin embargo, ella ni se inmutó. Al contrario, se quedó quieta unos instantes, con la cabeza ladeada, el flequillo cubriéndole los ojos y una fina línea curvada hacia arriba en los labios.

La mano me escocía, aun así, no me había calmado. Incrementé mi odio pensando que Keila se aprovechaba de que mi madre no podía defenderse. Me pareció despreciable que le reprochase algo a la mujer que nos trajo a este mundo sin recibir nada a cambio y que nos cuidó lo mejor que pudo. 

De pronto, noté un dolor agudo en la mandíbula y temí que se me hubiera desencajado. Sin haber visto cómo lo había hecho, Keila había utilizado el mando para asestarme un golpe con fuerza. Su risa me hirvió más la sangre.

Sin desperdiciar un solo segundo, me coloqué en posición de placaje, me impulsé y logré estamparla contra la baja estantería de madera situada al lado de la televisión. Ella profirió un grito ahogado y cerró los párpados con fuerza. Cuando los volvió a abrir, éstos se habían oscurecido y yo me veía reflejada en ellos: una simple chica decidida a hacer sufrir a su hermana gemela.

Keila me agarró fuertemente de la trenza y estiró de mí hacia atrás, haciéndome aullar de dolor. Intercambiamos la posición y me rodeó el cuello con un brazo. No me dejaba respirar. Entonces, me tiré para atrás, arrastrándonos contra la pared, hasta que me soltó. Ella dejó caer el mando y me dio un puñetazo en el estómago. Casi vomito la cena. Me separé lo suficiente para reponerme y ella aprovechó el descanso para tirarme al suelo e intentar arañarme.

Nuestros gritos y golpes despertaron a mi padre, que apareció justo en el momento en que yo ya no podía controlar los ataques de Keila. No dijo nada. Se limitó a separarnos con dificultad: arrastró literalmente a Keila hasta el otro extremo del salón, donde ella se dejó caer respirando grandes bocanadas de aire, y a mí me acompañó hasta el sillón vacío de mi madre.

Estaba realmente enfadado. Si no hubiese sido porque no era un hombre corpulento ni alto y que, además, las gafas, que le empequeñecían los ojos, estaban torcidas, me hubiese puesto tensa y hubiese rezado para que no me pegase con una babucha.

—¿Qué tengo que hacer o decir para que dejéis de mataros entre vosotras? —Tuvo un pequeño ataque de nervios y se recolocó las gafas.

Yo lancé una mirada de odio a Keila, que ya estaba de pie, simulando que no había ocurrido nada. Ella me respondió enseñándome el dedo anular y sonriéndome con su típica sonrisa falsa. Me levanté de un salto.

—¿¡Cómo pretendes que no nos peleemos!? Si esta bruja está todo el día provocándome. Papá, te juro que Keila se busca solita que le pegue una hostia.

Keila pasó por alto mi comentario y se acercó a mi padre poniendo cara de angelito.

—Yo estaba tranquilamente viendo un programa cuando Arlet vino pidiendo guerra.

—Yo solo quería que bajaras el volumen —bordé entre dientes.

—¿Solo? ¡Cambiaste de canal!

—¡Callaos, hosita! —Mi padre se interpuso entre las dos, que sin darnos cuenta nos íbamos acercando poco a poco. Aprovechó el instante para apagar la televisión—. Esto ya se pasa de castaño a oscuro. ¿No podéis estar siquiera un día sin pelearos? —Cruzó la mirada con cada una, reprendiéndonos—. Quiero saber quién comenzó.

Al unísono, Keila y yo dijimos el nombre de la otra.

—¡Ella me pegó primero! —aseguró Keila, falsamente molesta.

—Arlet, ¿es eso cierto? —Su mirada es fría y severa.

—¡Keila dejó que mamá se marchara y la insultó! ¿Es que eso no es más grave?

De repente, sonó el cerrojo de la puerta y nos callamos de golpe. Dylan entró las salón agarrando el brazo de mi madre, quien sonreía absenta. Él parecía desconcertado.

—Me he encontrado a mamá en Marina Green Triangle acariciando a unos gatos callejeros —explicó.

—Mamá… —Pensé que mi madre correría a abrazarme como antiguamente hacía, que me protegería de las bromas más que pesadas de una Keila más pequeña pero igual de cruel y con pecas, pero se sentó en su sillón y comenzó a tararear una canción que probablemente se estaría inventando.

Keila señaló a nuestra madre con la cabeza.

—Yo no insulté a Rebecca, solo dije la verdad. No hay más que verla para saber que no está bien de la azotea.

—Serás pécora… —mascullé.

—Se acabó —sentenció mi padre en tono firme—. Arlet, esta noche te quedarás en casa y a partir de ahora se acabó la paga que te doy.

Abrí la boca para protestar, pero pegó un grito que me hizo callar de repente. Esperé a que propugnara el castigo de Keila, no obstante, dio media vuelta hacia las escaleras. Me indigné más de lo que esperaba.

—Y ¿Keila qué? ¿Me vas a decir que no has visto cómo me arañaba con sus zarpas? ¡No es justo!

—La vida es injusta.

La decepción impregnaba el aura de mi padre y yo era la culpable. Llena de frustración, le pegué una patada al sofá y chillé antes de salir corriendo hacia mi cuarto.

—Keila, más te vale dormir con un ojo abierto —la amenacé justo antes de cerrar con un portazo.



Mi padre me llamaba desde el otro lado de la puerta de mi habitación. Al principio hablaba con suavidad, pero pasados unos minutos sin respuesta, la desesperación por mi ignorancia y la falta de descanso acabaron con su simpatía para dar paso a decir mi nombre completo y a amenazarme con tirar la puerta abajo. Sin embargo, yo no iba a dejarme disuadir tan fácilmente.

—Arlet, ábreme de una vez —me ordenó, excesivamente sereno—. No lo volveré a repetir.

Metí el reproductor mp5 dentro de una mochila decorada con la cara de Jack Skeleton, me senté en la cama y me crucé de brazos. Mientras, observé el póster de Los Vengadores pegado a la puerta y las plumas de colores de un pequeño atrapasueños.

—Ni tu madre ni yo te hemos educado así —añadió mi padre elevando el tono y yo puse los ojos en blanco, consciente de que no podía verme. El pomo vibró, luego, un suspiro—. Vas a cumplir dieciocho años, eres casi una adulta. Tienes que dejar de ser tan infantil.

Ese era el problema. Mi padre me juzgaba porque tenía diecisiete años y medio y eso conllevaba tener ciertas responsabilidades, pero cuando le convenía yo no era lo suficientemente madura para gozar de las mismas libertades que se les permitían a Keila. Resultó que ser una completa arrogante y repelente eran las características esenciales para tener relevancia en mi familia; ni siquiera bastaba con ser ya un adulto fuerte, decidido e inteligente, como Dylan. La mayoría de las reprimendas recaían en mí cuando Keila y yo discutíamos; incluso cuando yo no era la causante tenía que soportar las repetitivas charlas. Y yo ya estaba cansada.

—¿Necesitas hablar, cariño? —me preguntó mi padre recurriendo a la afiliación en vez del ataque.

No contesté y me mordí el interior del labio. Era cierto que necesitaba desahogarme, pero de nada serviría si él atribuía mis sentimientos a las crisis emocionales de los adolescentes o simplemente determinaba que Keila y yo intentábamos llamar la atención. Ella no necesitaba pelearse conmigo para captar miradas allá por donde pasase, en cambio, yo pasaba desapercibida y aspiraba a vivir en un lugar lejano donde poder empezar una vida desde cero.

—¿O mejor llamo al psicólogo? —sugirió mi padre con la voz áspera y dolorida.

Se me encogió el estómago. Ir a la consulta me horrorizaba. La sala era tan grande que me sentía expuesta y las paredes eran de un blanco austero que, en vez de transmitirme tranquilidad, me daba repelús.

El Dr. Olivier era muy profesional, serio y experimentado, pero reconocía que no había tratado un caso semejante al de dos hermanas que se aborrecieran tanto. Explicaba que las hostilidades fraternales eran normales por celos o envidia, no obstante, casi nunca se daba ese caso entre gemelos o mellizos. Después de presentarnos en su consulta unas cuantas veces y no lograr más que profundizar las diferencias entre Keila y yo, al Dr. Olivier se le acabó la paciencia y, ayudado por la insistencia de mi padre en encontrar una solución definitiva, desde hacía un año nos obligaba a tomar unas pastillas llamadas Melival que relajaban el sistema nervioso central. Eran demasiado efectivas, puesto que nos atontaban durante horas y nos quitaban las ganas de llevar a cabo actividades físicas. No obstante, Keila y yo seguíamos discutiendo diariamente, y los consejos para lidiar con nuestros rifirrafes no servían para mucho.

Tragué saliva. Abrí la boca para contestar a mi padre que no hacía falta montar un escándalo, y menos a las diez y media de la noche, sin embargo apareció Dylan para salvarme el cuello como siempre que le necesitaba.

—Papá, déjala tranquila. Es muy probable que se haya dormido escuchando música. Ya sabes, dicen que amansa a las fieras.

Soltó una carcajada forzada, seguramente estaría intentando alejar de la puerta a mi padre, quien dejó escapar una última reprimenda ahogada. Al mismo tiempo, recibí un mensaje de mi mejor amiga, Ingrid.

La señal.

Rápidamente, me calcé unas deportivas oscuras y me puse una sudadera de colores con la cremallera sin abrochar: hacía frío en la calle a pesar de ser junio. Esperé a que no se escuchase ningún ruido desde el pasillo y salí sin echar el pestillo de la puerta corredera hacia la terraza. Ésta ocupaba la mitad de la anchura de la casa y seguía hacia la parte posterior del terreno, donde mi madre cuidaba a sus plantas, ya muertas. Allí la terraza se enlazaba mediante unas escaleras de hormigón al patio interior, el cual conectaba con el comedor y con un pequeño cobertizo.

No me parecía muy buena idea salir a hurtadillas de mi casa, no obstante, mi necesidad de desconectar era agobiante; quería estar lo más lejos posible de mi familia. No pensé en las consecuencias cuándo me juré a mí misma que esa noche saldría con Ingrid y unos cuantos conocidos suyos por Alamo Square.

Eché un vistazo alrededor antes de colocar una silla frente a la gruesa pared de casi dos metros de alto contigua a la casa de mi vecino. Subí encima, me agarré al borde de la pared, me impulsé y reuní fuerzas para pasar una pierna. Confié en que no hubiese perros esperándome. Me colé y aterricé en el patio interior con el estómago encogido.


* * *


Keila Hayden acabó de darle los últimos retoques a su manicura francesa mientras escuchaba la hipnótica voz de Lana del Rey cantando Blue Jeans. Ya podría decir que sus uñas estaban perfectas e iban a conjunto con su corto vestido rosa palo. Se puso delante del espejo de cuerpo entero para examinarse, se echó perfume y se recolocó el vestido de manera que le realzase el busto. La noche era fresca, pero le gustaba lucir aquello de lo que estaba orgullosa. ¿Por qué dejar de enseñar su cuerpo? No era como su hermana Arlet, más discreta y vergonzosa.

Para Keila, la primera impresión que se tiene de alguien se basa en la forma física y la ropa, no en el interior, puesto que solo provoca más hipocresía. Desde su punto de vista, tener una buena imagen era esencial para ser alguien en la vida o, como mínimo, para tener amigos decentes. Si no, te rechazan. Y Keila no soportaba el rechazo. Además, ella se atrevía a decir lo que pensaba por muy cruel que fuese aunque dañase; en el fondo lo hacía porque no soportaba que hubiese gente mejor que ella. Le divertía sacar a la luz los errores de los demás porque les veía demasiado patéticos como para darse cuenta de que los tenían. No obstante, sobre todo disfrutaba hundiendo a su propia hermana. Arlet era tan vulnerable, tan fácil de destruir, que no suponía ningún esfuerzo para Keila atacarla. Y era tan divertido ver a su hermana enfadarse o llorar.

Guardó su móvil con una sonrisa de oreja a oreja: los gritos de su padre llamando a Arlet eran música para sus oídos; lo menos que haría el señor Ezra Hayden sería castigarla sin salir aquella noche. Arlet se enrabiaría y echará la culpa a Keila, como siempre. «Qué ilusa», se burlaba Keila. Su padre la tenía como la hija preferida y estaba segura de que Arlet la envidiaba por ello, así pues, le acusaba por todo.

Miró la hora del reloj y advirtió que aún le faltaba más de una hora para que sus amigos la fueran a recoger, así que, domada por los nervios, decidió buscar los pendientes de oro blanco que le había regalado su padre a los dieciséis años. Rebuscando en el primer cajón del escritorio encontró de todo menos los pendientes y eso la frustró, no obstante, algo le llamó la atención. Enterrado bajo una montaña de papeles y pintauñas encontró un pequeño oso marrón de peluche, al que le faltaba una oreja y un ojo. Llevaba atado al cuello un lazo púrpura con el nombre de Arlet escrito en letra discontinua e irregular típica de niños pequeño.

De pronto, Keila sintió una nube de recuerdos posarse sobre ella. Aquel era el peluche favorito de su hermana; significaba mucho porque había sido su único amigo y confidente durante muchos años. Al verlo, Keila no pudo contener una risa cáustica y triunfal: le robó el oso a los seis años alegando que lo había perdido y, con esto, se llevó también la felicidad de su gemela, transformándola en una niña desprotegida y asustadiza. Pero la diversión se neutralizó cuando divisó al lado del muñeco el bote de pastillas que actuaban como sedante, las que seguirían en la farmacia de no ser por el Dr. Olivier. Esto llevó a Keila a una conclusión: la causante de que se las tuviera que tomar era Arlet.

Entonces, motivada por un violento impulso, Keila tiró el bote al suelo provocando que las pastillas azules salieran disparadas en todas direcciones. Cogió unas tijeras y el oso de peluche y se colocó en frente de un espejo. No se vio a sí misma, sino a la Arlet de seis años que lloraba hasta quedarse dormida, y no sintió compasión.

Cortó el cuello del peluche con las tijeras abiertas. Primero un tajo, luego otro, y así hasta que dejó de sentir su sangre hervir y el oso se convirtió en una masa uniforme de trozos de tela marrón con bolas de relleno blanco.

jueves, 14 de julio de 2016

15 Films Tag

    ¡Holo, ángeles caídos!

    Hoy vuelvo de nuevo con el blog (este año no os podéis quejar de que no estoy subiendo nada jsjsjs) y os traigo una de mis cosas favoritas: un tag. Yasssss!

    Estoy de exámenes, por lo que no tengo mucho tiempo de escribir, aunque esa tampoco es una excusa, ya que también dedico mucho a penar las respuestas de los tags. Esta vez voy a hablar de películas; cada año hago una lista de todas las que veo e intento superar el número al año siguiente. El mundo del cine me interesa mucho, por lo que me considero cinéfila. No solo me fijo en la historia en general, sino que intento buscar sentido a cada detalle (la escenografía, las luces, los cambios de perspectiva).

    Como este tag (que, por cierto, vi en el canal de Mim Burton ) lo ha hecho mucha gente y la mayoría habla de las películas famosas, voy a intentar escoger poco conocidas. Además, voy a hablar mucho de películas que me llamasen mucho la atención de pequeña. Porque sí, porque pa' eso soy mía (?)

15 FILMS TAG


1. ¿Cuál es tu película favorita?

No tengo una película especialmente favorita porque me cuesta mucho decidir, pero cuando vi Siete Almas algo dentro de mí hizo "click" y me cambió. No puedo decir la razón porque básicamente os destrozaría todo el misterio de la película, pero si confiáis en mí veréis que es una película dramática que te hará reflexionar sobre la vida. Si os gustó la temática y la interpretación de Will Smith en Buscando la Felicidad, Siete Almas no os decepcionará.









2. Película que te hace llorar.

Todas~ Soy una persona que se emociona mucho con películas y series. Supongo que es porque suelo estar sola y me puedo desahogar mediante las lágrimas; en cambio, con gente me cuesta más llorar o reflejar mis sentimientos. Tengo esa paradoja dentro de mí.

Si tengo que mencionar alguna película que me haya llegado al alma es Titanes: Hicieron Historia. Es una de mis películas favoritas de cuando era pequeña y cada vez que la veo me echo a llorar porque i) está basada en una historia real ii) trata sobre la relación interracial en Estados Unidos de un equipo de fútbol americano iii) es jodidamente emotiva. Y el final EL FINAL me gusta pero no. Lloro mucho.




3. Tres películas que recomendarías.

La primera es Sala Samobójców, también conocida como Suicide Room. Trata sobre un chico solitario que cae en depresión por culpa de sus compañeros de clase, se encierra en su habitación y se evade del mundo mediante Internet, donde pasa el día en un chat virtual (de ahí el título). Es una película polaca y no sé si está ya en español. Yo la vi en el idioma original con subtítulos y me encantó (además, aprendí palabras en polaco).

La razón de que me encontrase con ese filme es que estaba pasando por una época de "preguntas" y, bueno, la película me deprimió hasta niveles subterráneos. Pero también me ayudó a ver el mundo de otra manera.

La segunda es American History X. Probablemente todos la habréis visto/la conozcáis porque es una película de culto, pero si no, tenéis que verla si os interesa el nazismo y el racismo. En serio, ¡es obligatoria! A mí me provocó sentimientos encontrados, y también me enseñó la palabra "cambio".

La tercera que menciono es Mommy, una película franco-canadiense de una madre con un buen par que decide educar en casa a su hijo, un chaval hiperactivo y violento, con la ayuda de la vecina. Lo que más me llamó la atención de esta película es la manera en que está grabada, y no digo más para no haceros spoilers. ¡Un aplauso a Xavier Nolan! Por otro lado, es un film hecho para reflexionar sobre la vida y la fe. Recomendada 100%

Maybe, you're gonna be the one that saves me...





4. Director favorito

Tim Burton. ¿Quién, si no? Para mí, un genio. Muchas personas opinan que su "época de oro" ya ha pasado y que como director está sobrevalorado, pero sus películas están en mi top. Me puedo meter en su mente y él en la mía, puesto que lo que me ronda en la cabeza se parece mucho a las locas ideas que aparecen en la mayoría de sus películas. Y sus dibujos... Los adoro.
Quizás algún día me tatúo alguno...


5. ¿Con qué personaje tendrías una relación?

Pues digo yo que con todos los personajes de los que me enamoro (????)

Me ha costado mucho escoger solo a UNO, pero creo que tendría una relación con Dave Hodgman de The First Time (no sé si la han traducido o no todavía). Tenemos un humor parecido y él es un chico sencillo; supongo que haríamos buena pareja. La verdad, no sé por qué Dave cuando hubiera podido decir, por ejemplo, a Quicksilver de X-Men: Días del Futuro Pasado.

Si es que ¡me gustan tantos con tantas personalidades diferentes que no sé con quién podría hacer buena pareja ni por qué!

Demasiados baes.

 6. Película que odias (o que ha visto todo el mundo menos tú).

La Historia Interminable. NO. PUEDO. CON. ESA. PELÍCULA. A mi padre le encanta y eso es un problema, porque si la echan por la televisión él la tiene que ver, y yo me muero de aburrimiento. Quizás no sepa reconocer que siendo de los años 80 es "buena", pero es que los efectos especiales son tan malos que me quitan las ganas de verla. Y la historia no me llama la atención; es verdaderamente "interminable".

Además, de pequeña me daban miedo los muñecos/trolls, y no sé por qué, Atreyu me daba mucha pena.







7. Actor y actriz favorita.

Vale, no puedo elegir solo a uno en esta categoría.

Como actrices favoritas tengo a Helena Bonham Carter (la diosa de la vida) y a Jennifer Lawrence (mi mujé). Sandra Bullock me gusta muchísimo, sobre todo por su papel en La Proposición, y aunque sea más de televisión, creo que Kaya Scodelario también es muy buena actriz.

Mis actores favoritos son Johnny Depp (no creo que haga falta decir la razón, aunque me haya decepcionado), Will Smith (gran actor, mejor persona) y Jim Carrey (su expresión facial me mata). También considero que actores jóvenes merecen reconocimiento, por eso menciono a Jack O'Connell (su papel en Invencible (Unbroken) es impresionante).





8. Película que no has visto y quieres ver.

Into the Wild (Hacia Rutas Salvajes en español). El año pasado una chica de mi clase hizo una presentación sobre esta película y no me llamó mucho la atención, pero Charlotte me la recomendó la semana pasada y le voy a dar una oportunidad. Además, en un año mis gustos han cambiado mucho; ahora las películas filosóficas (y el cine independiente) me interesan mucho más. A lo mejor es porque me tiro tanto tiempo viendo películas que más que entretenimiento busco que me hagan reflexionar.

9. Película que más miedo te dé.
Aquí hago un apunte: las películas de miedo me suelen hacer gracia cuando las estoy viendo. Sí, me parto la caja y sí, en el cine también. Lo que pasa es que cuando llego a casa de noche me emparanoyo y creo que tengo un espíritu rondando por mi habitación

Dicho esto, la película que más miedo me ha dado ha sido Halloween II. A mí este hombre me da mucho miedo, pero la película me encanta a la vez. Me gusta pasar miedo (?)

Maldita careta.

Babadook también me dio miedo en el cine porque el puñetero monstruo se me metió en la cabeza. (Muy buena película, por cierto).

Maldito terror psicológico.

10. Película española favorita.

En teoría tenía que responder con una película que no me canse de ver, pero no sabía qué decir, por eso he decidido cambiar la pregunta a "película española favorita". Creo que en España hay muy buenos actores, actrices y directores y, por ende, buenas películas. Aunque estemos marcados por la comedia (no nos podemos quejar, somos buenos en ella), menciono un thriller de intriga catalán llamado Fill de Caín (Hijo de Caín). Hacía tiempo que una película no me dejaba todo el rato en tensión y con ganas de saber qué ocurriría al final como lo hizo esta. Por si fuera poco, que la trama gire entorno al ajedrez despertó mi interés aún más.

Algún día haré una entrada sobre la película, porque me dejó con la boca abierta.  La interpretación de David Solans merece un premio.


11. Película europea favorita.

También me he inventado esta pregunta porque el cine europeo me gusta más de lo que pensaba. Se le da mucha importancia a las súperproducciones americanas, por eso creo que hace falta valorar más las películas que se graban en Europa. En mi opinión, Good Bye, Lenin! es una película que da prestigio al cine alemán y al de todo el continente. Probablemente os la hayan puesto en clase de historia en el instituto, y si no, vedla porque merece la pena. Os enseñará lo que es capaz de hacer un hijo para que su madre siga viviendo en el pasado, en una Alemania comunista que aún no ha sufrido el impacto del capitalismo.

Por otro lado, tengo que mencionar en esta pregunta mi saga de películas favorita de la infancia, Las Fieras Fútbol Club, y La Ola. También son películas alemanas. Estoy estudiando en Alemania. Lo que tiene la vida, ¿eh?


12. ¿Qué película recomendarías a tu peor enemigo?

All Cheerleaders Die. Más mala no puede ser. Básicamente es una horrible historia de "terror" con toques de humor absurdo que no tiene ni pues ni cabeza. Las actrices son malas, los efectos especiales son malos, la trama es mala. En serio, ¿quién ha escrito esto?

Si quieres fastidiarle la tarde a alguien (como me pasó a mí el maldito día en que la vi), átalo a la silla, pégale los párpados a las cejas y haz que se trague los 89 minutos que dura.

¿Sabéis lo peor? Que tiene un aprobado raspado en IMDd y en Rotten Tomatoes. Pa' flipar.

13. Película más cutre/rara que hayas visto.

Movie 43 es una de las películas más extrañas que me he encontrado en la vida, y eso que he visto bastantes. Con actores y actrices tan reconocidos, esta película que busca la risa fácil y los chistes verdes falla en todo lo demás. Me llegó a entretener (no sé cómo, pero sí), a pesar de que para ver una película de comedia absurda prefiero Scary Movie y sus sucesoras.

Un momento icónico de la película es cuando sale Hugh Jackman. No tiene desperdicio.

14. Película que te da vergüenza reconocer que te encanta.

No es que "me encante", pero Ciudadano Kane me sorprendió para bien. Jamás hubiera dicho que una película obligatoria para una clase de la universidad me iba a gustar tanto. De hecho, la he visto dos veces. Me sorprendo de mí misma porque soy reticente al cine en blanco y negro menos por esta película. Es un claro ejemplo de que lo que más me llama la atención son los contrastes de luz y los cambios que hace la cámara. Esconde mucho simbolismo y yo amo el simbolismo.











15. Película de la infancia favorita.

Podría haber dicho Mulan o el Príncipe de Egipto, pero todo el mundo las conoce ya. Hace poco Riam me comentó que, de pequeña, le pedía a su madre que le pusiese Mary Poppins a todas horas. Se lo conté a mi madre y, para mi sorpresa, ella me dijo que yo le imploraba que dejase La Bruja Novata cada vez que salía en Disney Channel. Mi escena favorita siempre ha sido cuando se suben a la cama por primera vez, y recuerdo que yo muchas veces me subía encima de la mía y hacía como que volaba y me iba a otros lugares del mundo. Desde luego, esta es una de las películas que me hicieron desarrollar mi imaginación, por eso le tengo un cariño especial.






Espero que os haya gustado el tag. Dejadme en los comentarios si os suenan estas películas, si las habéis visto/os gustaría verlas y también si compartís los mismos gustos que yo.

¡Un saludo a todos, hasta la próxima!

viernes, 8 de julio de 2016

Ahora entiendo

Hallo!

La entrada que os traigo hoy no va sobre lo mucho que disfruté los primeros meses en Alemania o lo bien que me lo pasé en el Oktoberfest, sino que me gustaría hablar de cómo es llevar una casa por mi cuenta. Para mí vivir sola es algo novedoso, ya que todavía vivo con mis padres porque la universidad está en mi ciudad, por eso a veces se me hace pesado valerme por mí misma en una casa sin nadie más.

Cuando me dieron las llaves del piso y se comprobó su "buen" estado, vi que a parte de lo pequeño y frío (literal y metafóricamente hablando) que era, estaba vacío. Por no tener no tenía ni cortina para la ducha, eso sí, me dejaron una bonita escobilla demasiado usada y una papelera. Sabía que tendría que comprar lo básico para la casa, pero hasta ese momento no me había hecho a la idea de que debía empezar desde cero.

Me dejé un riñón y medio el primer mes. Más de trescientos euros gastados la primera semana en lo básico: escoba, paño, sartén, vasos, platos, cubiertos... (DE COMPRAR EL DETERGENTE SE ENCARGABA MI PADRE, ESTO QUÉ ES LO QUE ES.) Alemania, desde luego, no es barata, y menos en la ciudad donde vivo yo (Konstanz, que hace frontera con Suiza). Literalmente, el supermercado ha sido el lugar que más visité ese mes con mis amigas. ¿Qué monumentos importantes ni qué ocho cuartos? Cuando vives solo, lo que más pisas es el supermercado. La gente se ríe cuando decimos: "bueno, he ido al Kaufland y..., he comprado en Kaufland". Me dirán ellos que prefieren morirse de hambre o aprovechar al máximo el papel del baño para poder salir más...

Por otro lado, debo decir que soy la pereza personalizada y antes que ponerme a cocinar prefiero comer en la universidad y cenar cereales con leche. ¡Ay, mi Mensa querida! Te echaré de menos cuando vuelva, solo tú sabes hacer una lasaña de verduras tan buena. En mi casa de España yo no tenía que pensar todos los días que tenía que barrer o limpiar el polvo o hacer de comer o fregar los platos, por lo que pasar de hacer las tareas de casa un par de veces por semana a hacerlas todos los días fue un poco agobiante. Menos mal que mis amigas han estado a mi lado, porque sino hubiera muerto con el simple hecho de pensar cómo se friega el parqué.

Este tiempo he podido apreciar el gran esfuerzo que hacen los padres y todas aquellas personas que tienen casa propia, puesto que se debe ser responsable para llevar las riendas. Hasta la tarea más sencilla, que es tirar la basura, se complica: ¿dónde va el papel de cocina?, ¿el tetrabrik se considera cartón o plástico?, ¿qué pasa si he tirado papel en la basura de "bioabfälle"? Anda, da igual, tíralo todo a "restmüll".  Por otro lado, yo había puesto pocas lavadoras antes de llegar a la residencia. En mi casa era fácil, sobre todo porque tenía a mano un papel con dibujos hechos por mí de cómo funciona, sin embargo, ahora me hago un lío cada vez que voy a la lavandería. Las instrucciones y las indicaciones están en alemán, y solo hay tres lavadoras y dos secadoras para alrededor de 600 personas. No me avergüenza admitir que llamé a mi madre el primer día para preguntarle qué programa debía poner. Lo gracioso es que hay gente que se olvida de recoger la ropa mientras que tú esperas más de una hora para poder usar las lavadoras. Por si fuera poco engorro, la lavandería de mi residencia es la única que no acepta la tarjeta de la universidad: tenemos que comprar otra tarjeta hecha con cartón del malo.

ACTUALIZACIÓN: ahora, POR FIN, han puesto cinco lavadoras, y cuatro de ellas se usan con la tarjeta de la universidad. La gente sigue siendo descuidada con sus prendas, pero por lo menos los domingos por la mañana muy temprano suele haber hueco. Sí, levantarse un domingo para hacer la colada NO MOLA.

Os haréis una idea de que prácticamente no he tenido tiempo para mí, salvo por las noches en las que me he juntado con mis amigas para hacer maratón de películas o series. Me debes seis mil pesetas de "whissske". Comprar ocupaba el 80% de mi día a día. Parece que el pan, la leche y la verdura desaparecen en un abrir y cerrar de ojos. Ahora sé lo controlada que debo tener la compra y lo importante que es tener una mopa a mano, no solo para barrer los pelos que se me caen por el estrés y el agua, sino para asesinar a mis amigas las arañas. Precisamente ellas no me hacen compañía, por lo que a veces me siento sola. Antes si me aburría podía ir a molestar a mi madre hablándole del concierto al que quiero ir, pero ahora solo puedo llamarla por Skype a veces. Es un poco triste, la verdad.

Por otro lado, mis amigas y yo también hemos disfrutado de la ciudad y nos hemos montado unas buenas fiestas, así que me atrevo a decir que nos las apañamos bien. Al principio me daban miedo las clases, porque ya me diréis cómo iba a estudiar barra hacer trabajos, hacer la comida, limpiar, hacer la colada y comprar. Pero por ahora he sobrevivido. Es cierto que a veces he tenido la casa echa un cristo y he comido en la maravillosa e increíble cafetería de la universidad incluso cuando ya no tenía clase solo para no tener que limpiarlo después. Ahora tengo época de exámenes, lo que significa que me alimentaré a base de comida no perecedera y de más cereales. Ya os iré informando.


Hasta aquí la entrada de hoy. Déjame en los comentarios qué te ha parecido, si has vivido lo mismo que yo o si piensas que lo harás. ¡Me gustaría saber tu opinión!

Tschüss!


Foto de la primera vez que mis amigas y yo cocinamos lentejas
Bueno, yo supervisé. JEJÉ.

PD:
Sobre todo, aprecio a mis padres. Desde aquí les doy las gracias y les sonrío con inocencia, pues ya sé lo que se siente (aunque no tenga hijos). Eso sí, cuando vuelva a casa no sé yo si llegaré con ganas de ayudar en las tareas domésticas, eh...

PD2: Ay, mamá, cómo echo de menos tus purés de verduras, tus cantes de copla cuando friegas y tus gritos cuando no me apetece limpiar.

miércoles, 6 de julio de 2016

My favourite places

Hallo!

Konstanz (I prefer it over Constance) is the perfect city if you want to relax and take cool pictures. Due to its closeness to the lake with its name and Switzerland, Konstanz is one of the most visited cities around Germany. (Believe me, the supermarkets are full of Swiss people, Spaniards and Italians on the weekends.) Besides the fact that everything is expensive, people gather in June and go to the famous Flohmarkt (flea-market), or have fun in the tents of the Oktoberfest (it's in September, btw). Over the year, you can visit these five (well, six) beautiful places that will enchant you.

MY FAV PLACES


Imperia


I've mentioned this statue several times, also in my Twitter, because it is the main attraction for tourists. It's awesome that the "symbol" of the city is a prostitute, but the story behind her is more incredible. I'm not going to explain it to you, though. But I'm going to say that the two characters that Imperia is holding are quite sarcastic. The statue is tall, and turns around slowly. At night it is illuminated, and is quite scary if there is fog. Imperia and the lake walk hand in hand. Tons of people swim next to the statue or hire pedalos, and kids want to feed the ducks. The landscape is simply stunning.


Houses next to Rheinbrücke


They remind me of the Painted Ladies. I just love the colours and the reflection in the water.


Old streets


I couldn't find a better picture ok don't judge me
Konstanz is full of alleys that are worth visiting. There are also some houses and museums whose facades are painted. This town maintains an antique essence that attracts you. A historic fact: Konstanz was the only German city which was not destroyed by the WWWII, because Switzerland was not involved in the war.


Seerhein


If you want to go for a walk, Seerhein is the perfect place, because in spring and summer you can see people jumping from the bridges or walking on a high wire. It divides the Old and the New part of the city.


The woods next to my student housing


One of the firsts days my friends and I went to the uni by walking instead of taking the bus, because our houses are really close to it. There were two paths, and we decided to go into the woods. From where we come there aren't such green and leafy trees, so they impressed us. We even posted loads of photos on Facebook, and Germans (and other Erasmus) said to us it was just a wood. BUT IT IS MORE THAN A WOOD OKAY LEAVE US ALONE WITH OUR FAIRY-TALE-LIKE WOOD.


+BONUS
Mainau


Mainau is an island with animals, a greenhouse, and beautiful and colourful flowers. As my friends and I were meant to stay in Konstanz just one semester (the winter semester), we went to Mainau (or Maniau, as I called it) on a foggy and frozen day. Plus, it started to rain and there were few buses, so we couldn't stay as much as we wanted. But we did take pictures with some cows and horses, and we entered the butterflies' palace.
A little kid wanted to enter the goats' cage, but when her father opened the door, a wise little black goat escaped and ran away. ¡CORRE, CABRA, CORRE!


Konstanz is really beautiful, and I think is underestimated, because it is a "family-city" (excepting all the Erasmus). Anyways, maybe some of you want to come here on vacation. I do recommend it to you, but if you don't want to die frozen, just don't come in winter.

Tschüss!

domingo, 3 de julio de 2016

Mil Ciento Cincuenta Kilómetros: Mi Blog del Erasmus

   ¡Holo, ángeles caídos!

   Esta es una entrada informativa. El año pasado decidí crear un blog cuyo contenido estaría relacionado con mi Erasmus en Alemania. Me gustaba (y me gusta) mucho la idea de que veáis lo que voy haciendo por aquí y así aconsejaros, pero como ya imaginaba, no he escrito ni un tercio de lo que tenía planeado. SOY UN JODIDO DESASTRE. Y ¿yo quiero ser escritora si no soy capaz de llevar al día un blog?

   En fin... Como el proyecto ha sido un fail total, creo que lo mejor es borrar el blog. ¡EP, NO TAN RÁPIDO! Lo que quiero explicaros es que EL CONTENIDO DEL BLOG MIL CIENTO CINCUENTA KILÓMETROS SE TRASPASA A ALAS DE CENIZA. Es decir, voy a crear una "sección" en este blog donde subiré las entradas del otro y más que traten sobre el mismo tema, así que podréis seguir leyendo (o ignorando) mis experiencias de Erasmus. La razón es que no me gustaría deshacerme así como así de lo que ya había subido al otro blog, por tanto, lo muevo aquí. Por tanto, este blog seguirá siendo de tags, reseñas, anécdotas y recomendaciones más mi "diario". A lo mejor Y SOLO A LO MEJOR me animo y subo los vídeos que he ido haciendo a mi canal. Pero no prometo nada.

   Hasta aquí la (otra) entrada de hoy, espero que os guste la idea y si no... Bueno, pues nos pegamos el baile de Panda y ya está.





   ¡Un saludo!

   PD: Me hace mucha gracia porque en agosto pensaba 1) crear un blog del Erasmus 2) crear un videoblog sobre el Erasmus 3) subir cada semana por lo menos. Debo hacerme a la idea de que soy una vaga, no tengo palabra y soy demasiado idealista.

   Suri Helyer

Tiny Rock On