«Underville»

   ¡Holo de nuevo!

   He estado pensando muy mucho en cómo conducir este blog ya que me lo hice, en realidad, para subir relatos que escribo o que he ido escribiendo; por tanto, he decidido que es el momento de empezar con lo que me propuse :3 Estoy emocionada jajajaja 
   Voy a empezar subiendo una pequeña historia que hice para la clase de literatura castellana hace un año. La temática era libre, pero tenía que empezar con la frase: "el viento parecía susurrar un mensaje". Pensé que debía ser corto, así que es un poco... ehe... pero es lo único que puedo enseñar por el momento. Me gustaría que me dijerais qué os parece y esas cosas. ¡Espero que os guste! *-*

   PD: Me acabo de llevar el susto de mi vida. Se ha caído de la pared una hoja que tenía enganchada con celo y he pegado un bote... AY CHACHO QUE MIEDO (?)

UNDERVILLE


   El viento parecía susurrar en mensaje de precaución. Era como si espíritus vagantes en la gélida niebla avisaran de algo sin aclarar nada; pero, para Sky y sus amigas, no era más que producto de su imaginación. Se cargaron de nuevo sus mochilas a la espalda y, a pesar de haber estado caminando durante horas a través de un frondoso bosque inacabable, siguieron adelante mientras miraban asombradas aquel desolado pueblucho: el tiempo había robado parte del recuerdo de una antigua civilización. Según el GPS estaban en el lugar indicado. Megan, una de las cuatro chicas, se había quedado rezagada del grupo, pues se quedó anonadada mirando el letrero mohoso y medio roto a un lado de la carretera: «Bienvenidos a Underville.» Era tan grande el pavor que la gente experimentaba cuando alguien pronunciaba ese nombre que nadie quiso acompañar a las jóvenes en el viaje. Un escalofrío recorrió la espalda de Megan y le mordió la columna. Había oído diferentes historias que habían pasado de boca en boca, de padres a hijos, que aseguraban que aquel lugar en medio de la nada estaba habitado por nadie. Un “nadie” que había perdurado a través de los siglos. Eso sí, no eran más que leyendas.
   Esa fue la razón que las condujo allí.
   —Vamos, Meg —la llamó su compañera, Alex—. No te vayas a rajar ahora. Cuanto antes acabemos, antes podremos volver a casa.
   Megan asintió insegura y corrió para seguir al grupo. Se repitió varias veces la palabra clave de Alex para poder continuar. «Casa». Era dónde desearía estar. Añoraba su hogar tanto como tener en sus manos unos guantes de lana. Aquel mínimo recuerdo fue suficiente para que una leve sonrisa asomara por las comisuras de sus finos labios, pero aquella sensación de regocijo no duró demasiado al recordar que debían pasar allí más de una noche. Las cuatro aventureras, de dieciséis años, se adentraron en las calles en busca de lo que fue y será el refugio de los valientes visitantes: la iglesia. Por lo tanto, no era la primera vez que alguien investigaba aquella zona, cada año salía un alma ambiciosa y viajera de cualquier parte del mundo que, movida por el espíritu de la curiosidad, acababa visitando Underville. No obstante, y a juzgar por los mitos, nadie había logrado regresar. Jamás. Por eso se decía que era un pueblo encantado.


   —¿Y tú te crees eso? —Cuestionó Alex a Sky el día en que a ésta le habían hablado sobre Underville. Justo después de enterarse, reunió a sus amigas para sugerir la idea de pasar un tiempo allí—. A mí me parece una estafa para darle vidilla a ese pueblo. Hace años que está abandonado y se han querido inventar una historieta para animar un poco a que los turistas se acerquen por la zona. Además, ¿cómo sabe la gente que está encantado si nadie ha podido salir para contarlo? —Hizo una pausa—. Creo que es una pérdida de tiempo viajar hasta allí para investigar… Nuestros materiales no nos salen gratis, Sky —le recordó.
   —Lo sé, lo sé, pero es por eso mismo por lo que he elegido ese sitio —Sky se puso en pie y adoptó una postura muy segura—. Hemos viajado por todas las partes del globo indagando en las huellas de la historia y muy pocas veces nos han tomado en serio, a pesar de tener razón. Esta es una buena oportunidad para hacer algo diferente y demostrar que debemos ser escuchadas. Además, desmentiremos todas esas bobadas.
   Sky miraba con un halo de emoción. Por una parte, sabía que casi las había convencido porque, como bien había declarado, tenían muy mala suerte. Las consideraban todavía niñas pequeñas; sin embargo, ellas no se daban por vencidas y no dejaban ese trabajo a los profesionales. Era el momento de cambiar las reglas del juego. Por otra parte, quedaban cuestiones por zanjar: viaje, materiales imprescindibles, alojamiento, alimentos…
   Nicole, Alex y Megan comenzaron a discutir sobre el tema. Alex y Megan estaban en contra del viaje ya que la idea de un posible no retorno les resultaba sobrecogedora; por el contrario, Nicole alegó que podría ser divertido e interesante. Le encantaba descargar adrenalina. Finalmente, solucionaron lo que harían de la manera más justa y fiable:
   —A «Piedra, papel, tijeras» —inquirió Nicole a Alex—. Tres rondas. Si gano yo, vamos, y, si no, nos quedamos.


   Las chicas llevaban un paso constante y no se separaban las unas de las otras. Cada una tenía en la mano un pequeño artilugio que se usaba para percibir espectros y que, por suerte, no había indicado nada hasta el momento. Llevaban consigo un equipo especial anti seres sobrenaturales, lo que les daba una gran ventaja, pero del que esperaban no tener que echar mano. A pesar de ser tan arriesgadas, de haber sido instruidas desde pequeñas, en su interior seguían siendo adolescentes con una extraña afición. Menos Nicole, que deseaba ser normal aunque fuese por un segundo…


   Nicole acababa de cumplir siete años. Su padre, un militar de alto rango, le estaba dando clases de defensa personal cuando ésta tuvo el presentimiento de que algo malo iba a pasar. Segundos más tarde, se quedó inmóvil por una parálisis que dominaba todo su cuerpo; ni siquiera la dejaba pestañear. El hombre de joven edad zarandeó a la pequeña al ver que no reaccionaba. Nunca había sido severo con ella, pero al ver que no obedecía comenzó a molestarse. Pero Nicole lanzó un grito ensordecedor y salió a toda prisa de la sala. Se topó con su madre y, entre sollozos, le explicó que detrás de su padre había surgido de la nada una masa violeta uniforme y difusa que tomaba forma de persona. Desde ese instante, su vida no volvió a ser la misma. Apariciones como esa cada vez eran más frecuentes, cambiaban de color y a veces no se distinguían bien, pero Nicole no sabía qué eran o qué querían. Hasta meses más tarde, cuando se dio cuenta de que eran almas y espíritus.




   ...Y hasta aquí la primera parte. ¡Hasta la próxima!

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